• Alison B.

Experiencias conscientes e inconscientes de violencia




Algunos de ustedes ya habrán experimentado algunos de los cuestionamientos, la comprensión que llega cuando nos damos cuenta de que hemos elegido esta vida, cada experiencia, cada momento, desde el más doloroso y violento hasta el más maravilloso.


En esta experimentación, nos damos cuenta de que, a un nivel sutil, las almas han sellado pactos antes de nuestra encarnación, como los papeles de una obra de teatro que llegaremos a vivir juntos.


Desde hace unos meses, el tema de la violencia es recurrente en las discusiones que he mantenido, y he empezado a observar las reacciones de un adulto que fue golpeado por su padre cuando era niño, y la forma en que recreaba las situaciones para enfrentarse a sus miedos. Parece que la personalidad del niño traumatizado tendrá dos opciones en la edad adulta, o reproducir el patrón o enterrar todos los sentimientos para no reproducirlo, en el vocabulario escucharemos frases como "si alguna vez pego a una mujer, o a mis hijos, me cortaré la mano".

Por otro lado, la personalidad traumatizada tendrá tendencia a convertirse en verdugo (volviéndose violento), a recrear situaciones en las que reproducirá este patrón de víctima (violencia física y verbal). En ambos casos observamos la misma energía manifestándose, una dentro y otra fuera.


Otras heridas del ser producirán el mismo efecto, como la traición o la humillación. La personalidad puede encerrarse en sí misma, víctima perpetua de la humillación, o convertirse en un verdugo cuyo juego es humillar a su vez.


Lo que recientemente me ha resultado evidente es cómo nuestra sociedad moderna ha evolucionado para que este "Juego", esta "Jugada", pueda tener lugar en un entorno consentido.


Muchas parejas, en mayor o menor medida, han comenzado a practicar estos juegos de dominación y sumisión, llegando a distintos grados de experimentación. Al dar su consentimiento, cada miembro de la pareja concede al otro la posibilidad de ir más o menos lejos en sus acciones. Aquí no se trata de juzgar estas prácticas, si no de observar lo que llegamos a manifestar a través de estos juegos.

Se trata de asumir la responsabilidad, ya que hay un consentimiento, no es posible proyectar la culpa en el otro, este consentimiento nos sitúa frente a nosotros mismos.


Haciendo las preguntas adecuadas, es posible observar la dinámica interna de una manera más concreta.

¿Qué ocurre en el interior? ¿Por qué sentimos la necesidad de dominar o someter? ¿Qué refleja esto en nosotros? ¿Cuál es la emoción deseada?


Se ha estudiado que ciertos grupos de neuronas del cerebro son responsables de la actitud dominante o dominada, reflejos primarios de una zona del cerebro bastante antigua vinculada al miedo social. Por tanto, estas actitudes estarían vinculadas a los instintos primarios de supervivencia. Comer o ser comido.


Tomemos el caso de una persona que ha sufrido la herida de la humillación (este modelo podría desplegarse para todo tipo de heridas)


Pueden buscar revivir esa humillación (sumisión)

O empezar a infligir la humillación (Dominación)

En ambos casos se trata de una experiencia consciente o inconsciente de lo que queremos sentir.


Todas estas situaciones nos permiten observar lo que ocurre en nuestro interior, y nuestro posicionamiento gregario, reflejo de lo que percibimos como más o menos que nosotros, en nuestra concepción piramidal.


Como en todo proceso de evolución de la conciencia, tenderemos a llegar más o menos lejos en la experimentación antes de decir basta, antes de darnos cuenta de la dinámica psicológica y a veces autodestructiva de nuestras acciones. Es la búsqueda del límite, o del punto de ruptura.


A menudo tendemos a querer llegar al final de las cosas, a un punto de no retorno en el que algo se rompe en nosotros, y es esta ruptura la que inicia el cambio. Es una toma de conciencia, una comprensión, que llega de forma más o menos suave o violenta, y que en un segundo cambia nuestra percepción y nuestra forma de funcionar.


La búsqueda de la muerte de algo en nosotros, de un patrón, de un programa.


En los juegos de dominación, creo que lo que no debemos perder de vista es que lo que buscamos es la experimentación consentida de la violencia, física y/o moral, a través de un "juego realizado y consentido por los actores". Si no lo miramos de una manera más amplia, entonces perdemos la oportunidad de sanar este patrón. Observar lo que ocurre en nuestro interior, para comprender y armonizar nuestra conciencia a una vibración más elevada.

Cualquier forma de violencia, aunque sea consentida, sigue siendo violencia.

Todo lo que hemos llegado a experimentar tiene un sentido, ¿por qué buscamos el dolor? ¿Por qué buscamos hacer daño? ¿Por qué queremos sentirnos inferiores? ¿Superior? Es necesario salir de todo juicio, para simplemente observar.


Permitiéndonos experimentar aprendemos quiénes somos, cuáles son nuestros límites. Experimentar con los extremos, para volver al centro, al ser.


In lak’esh

(Saludo maya: Soy otro tú)

Alison-Sarah Guerrero magnético amarillo

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