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La alegría que hace posible el camino – Retiro y no dualidad

21 oct 2025
4 min de lectura

Groupe de seize personnes unies dans l’amour, assises en cercle sur une prairie alpine devant un grand chalet en bois, entourées de fractales lumineuses rappelant des visions d’Ayahuasca, dans les montagnes suisses au coucher du soleil. Ambiance spirituelle, joie, connexion, nature et lumière dorée.


Unos días antes del retiro, sentí algo diferente.

Una intuición suave pero profunda, como una evidencia silenciosa: este grupo… va a ser especial.

Una alegría sin motivo me invadía. No la excitación por lo que iba a venir, sino esa paz viva que precede a los milagros. Esa sensación de que todo ya está cumplido, de que el encuentro ya ha tenido lugar en algún lugar del corazón.


Y no me equivoqué.

Desde los primeros instantes, una magia sutil empezó a tejerse.

Algunos grupos vienen a sanar, otros a comprender, otros simplemente a respirar. Cada persona es acogida exactamente donde está, sin expectativas ni exigencias.


Pero esta vez fue otra cosa.

Había en el aire una disponibilidad poco común.

Corazones dispuestos a abrirse. Almas dispuestas a reconocerse.


En este retiro no había dos facilitadores… había dieciséis.

Cada mirada, cada abrazo, cada silencio llevaba la presencia del Cristo en uno mismo, esa conciencia compartida que sabe que dar y recibir son uno.

Hay grupos que se sienten tan profundamente unidos, tan naturalmente volcados hacia el otro.


Y sin embargo, nos dimos cuenta juntos de que no era "el otro".

Era uno mismo, bajo mil rostros.


Como tan bien dice la tradición de la ayahuasca:

"Sanas tú, sano yo."

Cuando tú sanas, yo sano.

Porque no hay separación.


Durante las integraciones, varias personas contaron haber sentido esto:

con cada liberación, con cada lágrima, con cada purga, era como si todo el grupo volviera a respirar.

El dolor de uno se convertía en la sanación de todos.

El milagro de uno se reflejaba en silencio sobre cada cual.


Y es ahí donde la no dualidad deja de ser un concepto: se convierte en experiencia.

No es que "seamos uno",

es que todo es un único movimiento de conciencia que se reconoce a través de múltiples formas.

Cuando creo que el otro me molesta, me agota o me roba energía, no hago más que reforzar la idea de que estamos separados.

Pero cuando recuerdo que solo estoy mirando otra parte de mí mismo, un sueño, un reflejo, una memoria que amar, entonces todo se apacigua.


No hay otros.

Solo estás tú, bajo formas diferentes, recordando el amor.

La diferencia no es más que un efecto de perspectiva, nacido de la necesidad de sentirse especial, distinto, único.

Pero a medida que la luz de la alegría se extiende, esa ilusión pierde su fuerza.

Ya no buscamos ser "alguien espiritual", ya no queremos "triunfar en nuestro camino": simplemente nos dejamos amar.



La alegría, ese motor silencioso


No la alegría ruidosa o eufórica, sino esa paz vibrante que sabe que todo ya está cumplido, incluso en los momentos de tristeza.


A menudo buscamos "despertar", "purificarnos", "trascender", como si Dios, ¡el AMOR!, esperara de nosotros una actuación.


Pero la Verdad no tiene nada que demostrar.

No pide que nos convirtamos en otra cosa, solo que recordemos.


Y en ese recuerdo está la risa.

La risa de Dios, que no es burla, sino reconocimiento alegre del sueño.

Esa risa que nace cuando nos damos cuenta de que nos hemos tomado muy en serio,

de que hemos creído en nuestros miedos, nuestras heridas, nuestros dramas,

cuando en realidad nada de eso pudo alterar jamás lo que somos.


La alegría es esa risa interior, esa ligereza que se eleva cuando dejamos de defender la ilusión.

No exige nada, no corrige nada: simplemente revela que todo ya está perdonado.

Y cuando se instala, las resistencias se funden por sí solas.

Ya no hace falta esfuerzo.

Solo una suave receptividad, una confianza de niño.



Un camino sin esfuerzo


Lo que vi durante este retiro es esta evidencia:

cuando la alegría está presente, el camino se vuelve sencillo.

Todo se reorganiza sin tener que forzar nada.

Las comprensiones llegan de forma natural, las liberaciones ocurren sin drama, los corazones se abren sin que nadie los empuje.


La alegría no es ingenuidad; es la señal de que el Espíritu dirige la danza.

Nace cuando dejamos de creer que hay que "hacer" algo para merecer la paz.

Surge en cuanto aceptamos no saber, no controlar, dejarnos respirar por la Vida.


Ella es la verdadera práctica.

No la lucha contra nuestros pensamientos, no la caza del ego,

sino la confianza suave en lo que ya está hecho.




Una sola luz


Cuando pienso en este grupo, vuelvo a ver dieciséis rostros, dieciséis espejos,

y en realidad, una sola luz.

Una luz que se descubría a través de cada uno, bajo formas tan diversas,

pero que vibraba con el mismo amor.


Algunos necesitaban llorar, otros reír, otros callar.

Pero todos, en el fondo, estaban al servicio del mismo impulso: el del recuerdo.


Y ahí es donde todo cobra sentido:

no hay maestros y alumnos, no hay facilitadores y participantes.

Solo está el Amor que se enseña a sí mismo, a través de quienes han olvidado y de quienes recuerdan.

Somos ambos a la vez, en cada instante.




¿Y si la Alegría fuera nuestra oración más alta?


No necesita palabras.

No espera resultados.

Es pura ofrenda, pura presencia.


Y cuando nos atraviesa, el mundo cambia sin que lo toquemos.

Porque, en realidad, nunca hubo un mundo que cambiar,

solo una mente que reconocer inocente.


Es esa alegría la que vi, sentí y respiré durante este retiro.

La que hace posible el camino, porque es el camino mismo.

La que nos recuerda, en el silencio, que todo ya está cumplido.


groupe ayahuasca amour

Un inmenso gracias a todos nuestros hermanos y hermanas

a los de este último retiro y a los de todos los anteriores.

A través de cada una de vuestras miradas, de lo que compartisteis, de vuestros silencios,

la memoria de la Unidad se ha vuelto a abrir.


Juntos levantamos los velos de la separación.

Juntos recordamos lo que nunca hemos dejado de ser.

Una sola Mente, una sola luz, mil rostros de un mismo amor.


Gracias por vuestra presencia, por vuestro valor,

por la sinceridad con la que lo ofrecisteis todo,

vuestras lágrimas, vuestras risas, vuestras resistencias, vuestros impulsos.

Cada instante compartido ha sido una oración viva,

un paso más hacia el reconocimiento de la Alegría que somos.

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