Cuando ya no le ves sentido, simplemente déjate respirar

A veces, ya no le ves sentido a seguir.
Te levantas con ese nudo en el estómago,
ese cansancio pegado al corazón,
esa sensación de que nada cambia, de que nada sirve.
Y peor aún: de que nadie puede comprenderlo de verdad.
Es difícil hablar de ello.
Es difícil cargarlo.
Y a veces, ni siquiera quienes nos quieren saben cómo estar ahí.
Entonces nos encerramos, sonreímos por fuera, pero por dentro…
nos hemos rendido.
Y sin embargo.
Hay algo en ti que resiste.
Aunque sea mínimo.
Aunque sea silencioso.
Hay una pequeña parte de ti que no ha renunciado.
Si no, no estarías aquí, leyendo estas palabras.
No es casualidad.
No es una debilidad.
Es la vida en ti buscando un camino.
No para volver a ser como antes,
sino para abrirse de otra manera.
No tienes que entenderlo todo.
No tienes que estar mejor hoy.
Pero puedes, si quieres, concederte una pausa.
Solo una.
Una respiración.
Cierra los ojos.
Pon una mano sobre tu corazón.
Y escucha.
No hay nada que reparar.
Nada que lograr.
Nada que demostrar.
Estás vivo(a).
Y solo eso ya es una respuesta.
El dolor que sientes no es un error.
Es la prueba de que tu corazón sigue ahí.
Es él quien grita.
Porque quiere volver a amar.
Porque sabe que la vida puede ser algo distinto de lo que estás viviendo ahora.
Y tiene razón.
No estás roto(a).
Estás atravesando algo.
Y aunque ahora no veas la salida,
hay caminos que todavía no conoces.
Encuentros que todavía no has vivido.
Partes de ti que todavía no has visto.
Y hay belleza, incluso donde ya no la imaginas.
No tienes que obligarte a estar alegre.
Pero deja abierta la posibilidad de que la alegría vuelva.
De que un día, sin avisar, resurja en una carcajada,
una sonrisa sincera,
un amanecer,
una palabra que toca,
una mirada que comprende.
No es ingenuo.
Es la vida.
Y es tenaz.
Sabe volver cuando la creíamos perdida.
Tienes un lugar aquí.
Aunque no lo veas.
Aunque no lo sientas.
Tienes algo único que ofrecer.
No tiene por qué ser grande, ni visible, ni espectacular.
Pero eres tú.
Y eso basta.
¿Por qué seguir?
Porque la vida no ha terminado.
Porque lo que vives ahora no es todo lo que ella tiene para ofrecerte.
Porque todavía no sabes lo que tu corazón puede encontrar.
Porque alguien, algún día, necesitará tu historia,
tu mirada,
tu presencia.
Porque incluso en las noches más oscuras,
la luz sigue existiendo.
Y volverá.
Siempre vuelve.
Y si, por hoy, el objetivo fuera solo este:
no abandonarte a ti mismo(a).
Quedarte aquí.
Un instante más.
Y luego otro.
Y luego otro.
Y un día mirarás atrás,
y comprenderás por qué te quedaste.
Y le darás gracias a la vida por haber resistido por ti,
cuando tú ya no podías.
No estás solo(a).
Eres valioso(a).
Y todavía tienes tanto por vivir
Tanto por amar





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